Llega un momento que no queda más remedio que rendirse a la evidencia:
Si todo el mundo dice que es Director de Marketing o que trabaja en Marketing e incluso los hay que “hacen” Marketing, es que el Marketing es la sopa de ajo o el ungüento de serpiente.
Pelearse porqué se llame Marketing, como vocablo que se ha instalado en el día a día, y que lo utilizamos para hablar de las muchas disciplinas/tareas/técnicas que se utilizan en la comercialización, cada una con nombre propio y bastante bien definidas cada una de ellas, pero que no nos resistimos a añadir Màrqueting (eso sí, con K). Es una batalla que doy por perdida.
Dejaré de discutir, aunque mantendré que MARKETING es UNA FILOSOFÍA DE GESTIÓN EMPRESARIAL que se fundamenta en la investigación para determinar lo que debe producirse y no el cómo vender.
El cómo vender es un problema a resolver con estrategia y creatividad aplicada a la gestión en cada uno de los caminos por donde transitar, desde la producción hasta alcanzar un cliente.
El primer paso, siempre, será definir la estrategia y el objetivo a conseguir; y es la estrategia quien nos marcará el posicionamiento. Es después que se debe aplicar creatividad al diseño del producto, a cómo debe presentarse, a cómo hablar de su precio, a qué problemas dará solución efectiva, a cómo se anunciará, a qué canales de distribución dar más o menos peso, a qué medios de comunicación conviene utilizar, etc. etc. etc. Y eso sí, a cada una de estas partes se le puede (de hecho es lo que se hace) dar el nombre de Marketing: Marketing agresivo, Marketing de contenidos, Marketing de Branding, Marketing directo, Plan de Marketing o Marketing Mix. Y así hacer un uso desmedido de sinécdoques, metonimias o cualquier otra variante de tropo para ir complicado el entenderse y aparentar más…