Leyendo un artículo de Fernando Trias de Bes, no pude por menos que pensar – dándole la razón – que la baja matriculación en humanidades está fomentando una generación de grandes especialistas en funciones que, se supone, tienen demanda en el mercado empresarial.
Eso conlleva pocas matriculaciones en filología, arte, ciensias humanísticas en general, lo que hace poco rentable dedicarse a esas asignaturas y forzar la máquina hacia lo que parece tener más aceptación, las carreras más técnicas.
Puede que estén en lo cierto y ese sea un buen camino pero… tengo la sensación y cuando escucho los discursos en seminarios, cursos y conferencias, intuyo que hay poca preparación en el oficio de comunicador, que se construyen los discursos en base a datos, más o menos maquillados, olvidando los valores y las emociones.
De otra parte, si el conocimiento se circunscribe a areas específicas, la visión queda limitada, como si se llevaran orejeras (eso que le ponen a los burros para que no se distraigan) y se pierde la capacidad de enpatizar con el público.
Si, como yo creo, cada día será más necesaria la creatividad para enfrentar los retos que la aceleración del cambio nos va imponiendo, bueno sería que preparáramos gente con imaginación, capaz de adaptarse y aprender sobre la marcha lo específicamente necesario, pero siempre con visión amplia y buenas dosis de comunicación

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