Cuando se habla de los catalanes, los que viven fuera de Catalunya entienden que la referencia es sobre un colectivo de personas, nacidas en Catalunya.
Y no, los catalanes son los que viven (o viven y trabajan, como decía Jordi Pujol) en Catalunya, es decir, los que sufren el déficit de las balanzas fiscales, los que sufren los constantes fallos de cercanías Renfe, los que ven como se anuncian unos presupuestos en infraestructuras para Catalunya inferiores a los que le correspondería por PIB, demografía o el criterio que usted quiera usar y que, además, nunca, ningún año, se ejecuta la totalidad del ya disminuido presupuesto.
Dicho de otro modo: los catalanes son los que pagan impuestos en Catalunya, que los recauda el Estado español y que los reparte con perjuicio para los que viven en Catalunya, aun que hayan nacido en Huelva o en Huéscar.
Quizás, si los catalanes catalanoparlantes, renunciaran a su cultura y todos hablaran en castellano (a pesar de que tan español es quien habla castellano como catalán, euskera o gallego) quizás y solo quizás, se darían cuenta de que el perjuicio se causa a un colectivo de sufridos contribuyentes que, independientemente de su cultura, están siendo maltratados económicamente.
Dejaré, para otro día, los temas emocionales.
Quizás, otro condicional, si los catalanes cuyo origen está en otros territorios, vieran que sus abuelos, padres, hermanos,… mejoran sustancialmente en sus lugares de origen, podrían pensar que los perjuicios que sufren viviendo en Catalunya son asumibles en beneficio de sus ancestros y parientes, pero no! No porqué entretanto se va produciendo un fenómeno bautizado como la “España vaciada” que consiste en priorizar Madrid por encima de todo, perjudicando el resto del Estado español, ese donde viven los parientes de los no nacidos en Catalunya.
O sea, que el problema de los catalanes, esa carpeta que ningún gobierno del Estado español se decide a abrir para analizarlo y negociar soluciones, no es un problema cultural, histórico e idiomático (que también, para una parte de los ciudadanos de Catalunya) es un problema de menosprecio que se refleja, claramente, en lo económico.