MENSAJES ABSURDOS

Cada vez que veo el spot de un producto de venta en farmacia me vienen ganas de entrar en una, solicitar un callicida, abrir la cajita, leer el prospecto y después consultar al farmacéutico si ese producto me irá bien para la sinusitis.

Cuando veo un anuncio de jamón de pavo mi estupor no tiene límites.

Fumar mata, El tabaco reduce la potencia sexual, Fumar perjudica… etc. etc. con sus imágenes truculentas, me lleva a preguntarme sobre el efecto disuasorio que pueden producir.

La recomendación sobre el consumo responsable de las bebidas alcohólicas, me suena a cantinela de aquellas que entran por un oído y salen por el otro.

Pienso seriamente que la publicidad, como técnica de comunicación comercial, que los anunciantes pagan y no es que sea muy barata, debería aprovecharse para sugerir y convencer de las bondades de los productos, no para moralizar ni para decir obviedades.

¿Donde está el pipí? este es un anuncio inteligente que destaca una cualidad y lo hace eficientemente con un personaje que enamora.

¿Le han subido el seguro de su coche? Vengase a la Mutua que nosotros se lo bajamos. Este es un anuncio que promete, con contundencia, una ventaja diferencial deseada por un buen número de clientes potenciales.

No quiero extenderme, de hecho cada uno de nosotros, ante la exposición a un mensaje comercial ya realiza un juicio de valor y estoy seguro de que amplias capas de la sociedad sienten rechazo por la banalidad publicitaria y recientemente por los cortes publicitarios que hacen buena aquella definición chistosa: Película, ah si, aquello que ponen entre los anuncios.

Creo que va siendo hora de pedir a los anunciantes que contrasten bien a los publicitarios que vayan a contratar, que no sean más papistas que el papa y les hagan gastar en lo que no sea rentable.

 

 

 

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